Los isquiotibiales en la carrera, ¿Cómo, cuándo y porque?

Lic. Gabriel Willig

 

La lesión por distensión muscular en los isquiotibiales es una de las lesiones más comunes en deportes como atletismo, fútbol, y rugby (Yu, 2008, Liu, 2017). La gran mayoría de estas son producto de distintos mecanismos que se producen durante la carrera.

La carrera la podemos definir desde una simple interpretación como una sucesión de saltos hasta una compleja coordinación psicomotriz, neuromuscular y biomecánica, en la cual se generan una cantidad enorme de fenómenos físicos que dan como resultado el avance veloz del cuerpo humano.

La comprensión de todos estos fenómenos es fundamental a la hora de planificar el entrenamiento, prevenir y/o tratar lesiones en cualquier atleta que desarrolle este gesto.

Lo primero que se tiene que hacer para analizar la carrera, es determinar los eventos que la definen. Existen varios criterios para determinar las distintas fases de la carrera, desde parámetros temporales utilizados clásicamente, anatomo-funcionales (Pink, 1994) y funcionales (Novacheck, 1998; Yu, 2008) como los que detallamos a continuación:

Las fases claves del ciclo de la carrera se pueden definir como:

(1)La fase de postura temprana (frenado): esta fase comienza cuando el pie hace contacto inicial (IC) y finaliza en la fase de postura media, que se estima entre 0 y 15% del ciclo.

(2) La fase de postura tardía (propulsión): esta fase comienza en la fase de postura media y finaliza en la zona libre (TO), estimada en un 15–30% del ciclo.

(3) La fase inicial y media de swing (recuperación): esta fase comienza en TO y finaliza aproximadamente dos tercios del camino a través de la fase de swing, que se estima en 30 a 77% del ciclo.

(4) La fase de oscilación tardía (pre-activación): esta fase comienza aproximadamente dos tercios de la fase de oscilación y finaliza en el IC, estimado en 77–100% del ciclo.

 

El estudio de la carrera se puede realizar de diferentes formas y ámbitos, desde la utilización de cintas rodantes o en la pista de forma directa. La gran mayoría de los estudios de la carrera se realizan en cinta rodante por la logística y el espacio que las distintas situaciones requieren. Se conoce que las diferencias cinemáticas no son significativas, aunque podemos encontrar diferencias a tener en cuenta, al momento de analizar los datos obtenidos. Un ejemplo de ello es la comparación del ángulo de flexión de la rodilla en el despegue entre las carreras en cinta rodante y sobre el piso como se menciona en el estudio de Frishberg (1983) que mostró que el ángulo de flexión en la rodilla durante el despegue durante la carrera en el suelo fue significativamente mayor que el de la carrera en cinta. Un ángulo de flexión de rodilla más pequeño significa que la rodilla está en una posición más recta y que la unidad músculo-tendón de los isquiotibiales es más larga durante la fase de postura tardía en el sprint sobre el suelo en comparación con el sprint en la cinta de correr.

Para obtener información confiable y fehaciente del real desempeño funcional del atleta es fundamental la utilización de la más alta tecnología disponible como la electromiografía inalámbrica de superficie sincronizada con acelerómetros que marquen los distintos eventos que componen la carrera.

El uso de la electromiografía (EMG) es ampliamente reconocido como una herramienta valiosa para mejorar la comprensión del rendimiento y el riesgo potencial de lesiones en la carrera de velocidad. Los tiempos de las activaciones musculares en relación con las fases del ciclo de marcha son de particular interés para científicos y entrenadores.

En biomecánica deportiva, el análisis de EMG proporciona información importante sobre la actividad muscular que puede ser útil para optimizar el rendimiento o reducir la probabilidad de lesiones (Paul & Wood, 2002).

Tiempos de activación muscular.

 

Los sistemas inalámbricos (sEMG) son particularmente útiles a tal fin ya que no restringen el movimiento y facilitan la captura de datos, como el atleta que corre en una pista en lugar de una cinta de correr en un entorno de laboratorio (Van Caekenberghe, Segers, Willems, et al., 2013). Por esta razón podemos identificar de forma temprana los riesgos de lesiones en los atletas ya sean desequilibrios musculares o una incorrecta biomecánica de carrera lo cual puede ayudar a prevenir una lesión o recurrencia de la misma debido a la ejecución deficiente de la biomecánica o de métodos de entrenamiento no óptimos (Howard, 2018). Y las lesiones de los músculos isquiotibiales son una de ellas.

Los estudios de biomecánica de carrera indican que los isquiotibiales están activos durante todo el ciclo de la marcha, con picos en la activación durante la postura temprana y las fases de oscilación tardías (Liu 2017).

La lesión muscular de los isquiotibiales es una lesión frustrante debido a la persistencia de los síntomas, la lenta recuperación y la alta tasa de reincidencia (Hawkins, 2001; Woods et al., 2004). Con lo que conocer cómo se producen estas lesiones será fundamental tanto  para una buena rehabilitación, como así también para la prevención.

Las lesiones por distensión muscular se producen durante las contracciones excéntricas (Garrett, 1996), las cuales pueden ser atribuidas al alargamiento de los músculos biarticulares como los isquiotibiales durante la flexión de la cadera (Thelen et al., 2005). Pero para producir la lesión es necesario que el músculo este altamente activado. (Hasselman et al., 1995). Estos hallazgos son apoyados por Schache et al. (2010), cuyos resultados indican que los isquiotibiales lesionados demostraron una clara intolerancia para realizar una contracción excéntrica inmediatamente después de una lesión muscular.

De los isquiotibiales, la porción larga del Biceps femoral (BFlh) es el músculo lesionado con mayor frecuencia (De Smet&Best, 2000), postulándose razones como la diferencia en la longitud de la fibras (Pierrynowski, 1995) o la diferencia en la tensión musculo-tendón entre estos músculos reportada por Wood (1987), pero todavía no hay suficiente evidencia para explicar la diferente tasa de lesión.

La patomecánica de la lesión nos plantea que la velocidad de contracción excéntrica máxima de los isquiotibiales es significativamente mayor durante la fase de oscilación tardía lo que podría explicar por qué el 90% de las lesiones por distensión de los isquiotibiales se producen en el vientre del músculo (Askling, 2007) ya que las activaciones máximas de los músculos isquiotibiales ocurrieron durante la fase de postura temprana y la fase de oscilación tardía. Mientras se produce esto, alcanzan la longitud máxima y la velocidad máxima de alargamiento del conjunto tendón-músculo que fue significativamente mayor durante esta fase (Yu, 2008), justificando largamente el porqué de las lesiones en esta fase y con esa ubicación muscular.

 

 

 

¿Pero es la única forma en que los isquiotibiales son expuestos a esfuerzos capaces de generar lesión?

Mann y Sprague (1981) sugieren que la máxima flexión de la rodilla con la que inicia la fase de postura tardía y el momento de extensión de la cadera que se produce podría generar una lesión por tensión muscular en los isquiotibiales durante la propulsión por más que en esta fase la activación muscular  y la velocidad de alargamiento del conjunto tendón-músculo no sean máximas.

Sin embargo, se observó que la longuitud del conjunto tendón-músculo en la máxima velocidad de elongación fue sensiblemente mayor en la fase de apoyo tardío que en la fase de oscilación tardía (Yu, 2008). Esto podría ser la causa de una lesión por tensión.

 

 

Best et al. (1995) mostraron que la lesión por tensión se produjo en la unión del tendón muscular cuando la tasa de tensión era baja, pero ocurrió en el vientre muscular distal cuando la tasa de tensión era alta, lo que ocurre en la fase de postura tardía y oscilación tardía respectivamente.

Teniendo en cuenta lo mencionado anteriormente, es más probable que ocurra una lesión por tensión en la unión tendón-músculo de los isquiotibiales durante la fase de postura tardía que durante la fase de oscilación tardía, mientras que es más probable que ocurra en el vientre del músculo durante la fase de oscilación tardía que durante la fase de postura tardía (Yu, 2008).

Este mecanismo de lesión tiene que ser estudiado en profundidad para llegar a una mejor comprensión del porqué de los distintos tipos de lesiones y las ubicaciones intramusculares de las mismas, ya que conocer estos procesos con mayor claridad nos dará pautas importantes en la toma de decisiones durante la planificación de la rehabilitación y/o prevención de lesiones, sobre todo en los pacientes recurrentes.

 

Conclusiones:

  • Debemos comprender las condiciones en las que evaluamos a nuestros atletas para tomar determinaciones terapéuticas acertadas.
  • La utilización de la tecnología inalámbrica nos posibilita la evaluación funcional del atleta.
  • Correr en cinta rodante genera una menor extensión de rodilla en la fase de postura tardía lo que lleva a un menor esfuerzo de los isquiotibiales.
  • La ubicación de la lesión puede estar indicando que el mecanismo de lesión no es siempre el mismo.
  • Según el mecanismo de lesión las conductas terapéuticas tendrían que ser diferentes para tratar de adaptar la musculatura al esfuerzo para el cual no estuvo preparado antes de la lesión.

 

Discusión:

  • Los velocistas tienen una mayor inclinación del tronco hacia adelante mientras aceleran a velocidad máxima. Esto puede resultar en un aumento de las tensiones de los isquiotibiales durante la fase de postura tardía, y por lo tanto un mayor riesgo de una lesión por distensión de los isquiotibiales.

 

  • La fase de transición entre zancadas, puede genera fuerzas que expongan a los isquiotibiales a grandes cargas, ya que vienen de la contracción excéntrica de la fase de oscilación tardía y se ven contrariadas por la fuerza de reacción del piso en esta transición por lo que es otra posible causa de lesión a evaluar.

 

Bibliografia:

  1. Askling, C.M., Tengvar, M., Saartok, T., Thorstensson, A., 2007. Acutefirst-time hamstringstrainsduringhigh-speed running: a longitudinal studyincludingclinical and magneticresonanceimagingfindings. American Journal of Sports Medicine 35, 197–206.

  2. Best, T.M., McElhaney, J.H., Garrett Jr., W.E., Myers, B.S., 1995. Axial strainmeasurements in skeletalmuscle at variousstrainrates. Journal of BiomechanicalEngineering 117, 262–265

  3. De Smet, A. A., &Best, T. M. (2000). MR imaging of thedistribution and location of acutehamstring injuries in athletes. American Journal of Roentgenology, 174, 393–399.

  4. Frishberg, B.A., 1983. Ananalysis of overground and treadmillsprinting. Medicineand Science in Sports and Exercise 15, 478–485.

  5. Garrett, W. E., Jr. (1996). Musclestrain injuries. American JournalSports Medicine, 24(6 Suppl.), S2–S8.

  6. Hasselman, C.T., Best, T.M., Seaber, A.V., Garrett Jr., W.E., 1995. A threshold and continuum of injuryduring active stretch of rabbitskeletalmuscle. American Journal of Sports Medicine 23, 65–73.

  7. Hawkins, R.D., Hulse, M.A., Wilkinson, C., Hodson, A., Gibson, M., 2001. Theassociationfootball medical researchprogramme: anaudit of injuries inprofessionalfootball. British Journal of Sports Medicine 35, 43–47.

  8. Howard RM, Conway R, Harrison AJ. Muscleactivity in sprinting: a review.Sports Biomech. 2018 Mar;17(1):1-17. doi: 10.1080/14763141.2016.1252790. Epub2017 Feb 28. Review.

  9. Liu, Y., Sun, Y., Zhu, W., &Yu, J. 2017. The late swing and earlystance of sprinting are mosthazardousforhamstring injuries. Journal of Sport and HealthScience, 6(2), 133–136.

  10. Mann, R.V., Sprague, P.G., 1981. A kineticanalysis of sprinting. Medicine andScience in Sports and Exercise 13, 325–328.

  11. Novacheck, T. F. 1998. Thebiomechanics of running. Gait&Posture, 7, 77–95. doi:10.1016/S09666362(97)00038-6.

  12. Paul, L., & Wood, L. 2002. Skeletalmuscle fatigue. PhysicalTherapyReviews, 7, 123–132.doi:10.1179/108331902125001815.

  13. Pierrynowski, M.R., 1995. Analyticrepresentation of muscle line of action and geometry. In: Allard, P., Stokes, I.A.F., Jean-Pierre, Blanchi (Eds.), ThreeDimensional Analysis of Human Movement. Human Kinetics, Champaign, IL.

  14. Pink M, Perry J, Houglum PA, Devine DJ. 1994. Lowerextremityrange of motion in the recreational sport runner. Am J SportsMed. Jul-Aug;22(4):541-9.
  15. Schache, A. G., Kim, H. J., Morgan, D. L., &Pandy, M. G. 2010. Hamstringmuscleforces prior to and immediatelyfollowinganacutesprinting-relatedmusclestraininjury. GaitPosture, 32(1), 136–140. S0966-6z362(10)00076-7.

  16. Thelen, D. G., Chumanov, E. S., Hoerth, D. M., Best, T. M.,Swanson, S. C., Li, L., … Heiderscheit, B. C. 2005.Hamstringmusclekinematicsduringtreadmillsprinting. Medicine&ScienceSports&Exercise, 37(1), 108–114.

  17. Van Caekenberghe, I., Segers, V., Willems, P., Gosseye, T., Aerts, P., & De Clercq, D. 2013. Mechanicsof overgroundaccelerated running vs. running onanacceleratedtreadmill. Gait&Posture, 38,125–131.

  18. Yu B, Queen RM, Abbey AN, Liu Y, Moorman CT, Garrett WE. 2008. Hamstringmusclekinematics and activationduringovergroundsprinting. J Biomech. Nov14;41(15):3121-6.

  19. Woods, C., Hawkins, R.D., Maltby, S., Hulse, M., Thomas, A., Hodson, A., 2004. Thefootballassociation medical researchprogramme: anaudit of injuries inprofessionalfootball—analysis of hamstring injuries. British Journal of SportsMedicine 38, 36–41

CUANDO UNA IMAGEN NO VALE MÁS QUE MIL PALABRAS

Lic. Maximiliano Ponce Amorin.

Los tiempos que corren en la actualidad han puesto la tecnología de más alto nivel al alcance de todos, y eso también se evidencia en el ámbito de la atención médica. Hoy por hoy pedir una resonancia magnética es casi lo mismo que pedirle al paciente que se haga un análisis de sangre de rutina.

Esto ha llevado a que se pierda cada vez más la importancia de la evaluación clínica exhaustiva y prepondere lo que aparece en las imágenes, como si fuera la verdad absoluta.

Es muy común que llegue un paciente a nuestro consultorio, nos ponga encima del escritorio una tonelada de estudios y nos diga “Tengo 2 hernias de disco. Me dijo el médico que es para operar”. Y al indagar un poco, nos damos cuenta que toda la evaluación médica consistió en pedir un estudio y ver la imagen del mismo. Está claro que no todos atienden de esa manera, pero es moneda corriente en nuestra atención diaria.

Varios estudios ya demostraron que no todo lo que aparece en imágenes es relativo al dolor del paciente (Brinjikji 2015, Nakashima 2015), que la decisión de operarse o no, no debe basarse solamente en imágenes (El Barzouhi 2016), así como también  las hernias discales masivas, como las extrusiones, suelen tener mejor evolución con tratamiento conservador que incluso aquellas más pequeñas (Jinho Lee 2017, Sung-Joo 2010).

Este es el caso de Daniela, una paciente de 26 años que acude a mi consultorio en agosto del 2017. Daniela llega con un cuadro agudo de dolor lumbar, con irradiación a su pierna izquierda, perdida leve de la fuerza del cuádriceps izquierdo y adormecimiento de la misma. Ella trabajaba en una oficina y no realizaba actividad deportiva.

Había consultado a 3 traumatólogos especialistas en columna, dos de los cuales le habían sugerido cirugía inmediata, luego de haber visto las imágenes de resonancia, y otro traumatólogo le indico realizar un bloqueo, aunque advirtiendo que probablemente terminaría en cirugía.

Al finalizar la consulta inicial, le indique que realizara unos ejercicios de columna, que habíamos probado dentro de la consulta y habían disminuido los síntomas, evidenciando centralización de los síntomas (ejercicios de Mckenzie), lo que implica una disminución de los síntomas en la pierna de la paciente (May 2012).

No les voy a mentir, las imágenes de la resonancia eran importantes, pero como siempre decimos, la clínica es soberana, y al ver que su cuadro neurológico era leve y que los síntomas mejoraban, decidí obviar la imagen y proseguir con el tratamiento. Y por sobre todas las cosas, dedique tiempo a educar a la paciente acerca de su patología.

 

 

Una semana después, Daniela llega a la consulta menos dolorida, aun con signos de debilidad, pero que no habían empeorado, y su cuadro sintomático había mejorado considerablemente.

Agregamos nuevos ejercicios con el fin de trabajar sobre el movimiento de su columna, así como también ejercicios para mejorar sus signos y síntomas neurales (ejercicios neurodinámicos) (Ellis 2008).

Llegada la tercer sesión, a 3 semanas de haberla visto por primera vez, decide ella sola cancelar el turno que había sacado hacia unas semanas para bloquearse, debido a que seguía mejorando y prefería hacerlo de esta manera.

Comenzamos a progresar los ejercicios acorde a las mejoras de la paciente.

Dos meses después la paciente comienza ejercicios de fortalecimiento, tanto de su columna como de sus miembros inferiores, con el fin de poder planear a corto plazo a una vuelta a la actividad deportiva, fundamental para conservar un buen estado de salud de su columna, teniendo en cuenta el grado de sedentarismo que tenía por su trabajo.

En el mes de noviembre, Daniela es dada de alta y “le exijo” que comience alguna actividad deportiva.

Ella vuelve a comunicarse conmigo en el mes de mayo del 2018, para comentarme que se sentía muy bien, que estaba yendo a natación, que estaba jugando al handball también, y que se había hecho una nueva resonancia y quería enviármela. Como podemos observar, gran parte de la extrusión discal se había reducido, no por los ejercicios, si no por darle tiempo al cuerpo que reabsorba dicha extrusión (Sung-Joo 2017), dentro de un marco seguro, sin síntomas neurológicos y con una buena clínica de la paciente.

 

 

No por esto quiero decir que todas las extrusiones discales evolucionan de la misma manera, cada paciente es un mundo, pero justamente por eso, es importante valernos de nuestra capacidad de diagnostico clínico, de nuestra experiencia y de lo que dice la evidencia científica para poder determinar qué es lo mejor para cada paciente, y así evitar caer en los tratamientos basados en imágenes.

 

Reseña Bibliografica

  1. Brinjikji et al. Systematic literatura review of imaging features of spinal degeneration in asymptomatic populations. AJNR. 2015
  2. Nakashima et al. Abnormal findings on magnetic resonances images of the cervical spines in 1211 asymptomaic subjects. Spine. 2015
  3. El Barzohui et al. Prognostic value of magnetic resonance imaging findings in patients with sciatica. J Neurosurg Spine. 2016
  4. Jinho Lee et al. Long-term course to lumbar disc resorption patients and predictive factors associated with disc resorption
  5. Sung-Joo et al. Spontaneous regression of a large lumbar disc extrusion. JKNS. 2010
  6. May et al. Centralization and directional preference: A systematic review. Man Ther. 2012
  7. Ellis et al. Neural mobilization: A systematic review of randomized controlled trials with an analysis of therapeutic efficacy. J Man & Manip Ther. 2008

ANOTHER ONE BITES THE HIP

Lo que sucede en tu cadera en el Síndrome de Impingement Femoro-Acetabular

 

Lic. Eduardo Tondelli

Actualmente en nuestra práctica de consultorio, recibimos gran cantidad de pacientes diagnosticados con Impingement de cadera (IC) o FAI (femoro acetabular impingement). Si bien las primeras descripciones son de 1936 por cirujanos traumatólogos, fue en 2001 cuando Ganz introdujo a la comunidad traumatológica este nuevo término. Un concepto que se ha puesto de moda en esta última década pero que su diagnóstico no es tan sencillo. Los síntomas aislados referidos por los pacientes, como sensación de rigidez, ruidos al movimiento, dolores difusos en muslos o glúteos por sí solos no alcanzan para diagnosticarlo. En 2016 se reunieron expertos en el tema y presentaron el consenso de Warwick, en el cual se describe al FAI como un trastorno clínico relacionado con el movimiento de la cadera presentando una tríada de síntomas, signos clínicos y hallazgos de imágenes. Representa el contacto prematuro sintomático entre fémur proximal y el acetábulo. Como pudimos apreciar en el artículo escrito para esta página por A. Baldjian (http://www.kinedyf.com.ar/kinesiologia-deportiva/pubalgia-aclarando-el-panorama/) este síndrome participa en una clasificación internacional de dolor inguinal, siendo una de las entidades responsables.

La causa principal es mecánica, y se cree que su patogénesis radica en la compresión al momento del contacto entre el cuello femoral y el acetábulo en el máximo rango de movimiento a repetición. La compresión mecánica en el rango final del movimiento de la cadera resultante de esta patología a menudo causa desgarro o desprendimiento del rodete acetabular del cartílago articular. Durante el movimiento cíclico dinámico de la cadera, la impactación repetitiva y carga regional anormal de la unión femora la cabeza-cuello contra el borde acetabular puede causar microtraumatismo y delaminación condral.

La localización de estas lesiones refleja la topografía de la deformidad y, por lo general, se encuentra en la región anterosuperior del borde acetabular con una interrupción concomitante en la zona de transición adyacente del cartílago articular.

Siguiendo con la línea de patogénesis según el Consenso de Warwick, cuando hablamos de las posibles presentaciones mecánicas, describimos tres: CAM, PINCER y MIXTA. La deformidad CAM (Leva) se da en el fémur, específicamente en la cabeza o en la unión entre el cuello y la cabeza, generalmente en la zona anterior o anterolateral y se describe como un aplanamiento, por ello su nombre de leva. La deformidad PINCER (tipo pinza) es una sobre cobertura del acetábulo debido a un crecimiento anterior focal, retroversión acetabular o coxa profunda. Suele ser característico de la mujer. Aunque el CAM y PINCER a menudo se describen como entidades separadas, según Heiderscheit B y cols., aproximadamente el 42% de los pacientes afectados presentan alguna combinación de ambas condiciones llamándose deformidad MIXTA. Sea cual sea la deformidad, van a causar fuerzas anormales dentro de la articulación que conducirían a síntomas clínicos y podrían impulsar la progresión de artrosis prematura de cadera.

 

 

La triada diagnóstica del IC está compuesta por síntomas referidos por el paciente, signos clínicos evaluados por el médico/kinesiólogo y hallazgos en imágenes (RX y Resonancia magnética). Por lo general los pacientes afectados son jóvenes, menores de 50 años, que practican algún deporte. Refieren un dolor insidioso que se sitúa en ingle, zona anterior y antero-medial, espalda baja, glúteos, que se dan mayormente al permanecer sentado o luego de una marcha prolongada, o bien al cambiar de posiciones. También se manifiestan síntomas tipo chasquidos, ruidos, trabas o sensación de rigidez.

La evaluación clínica comprende: 1) Evaluación del Rango de movilidad o ROM  con goniómetro o inclinómetro: se evalúa la Abducción, Rotación externa y Rotación interna. 2) Evaluación de la fuerza de Abducción y Aducción con el dinamómetro de mano. 3) Test de provocación o test de FABERE (Flexión-Abducción-Rotación externa) y FADIR (Flexión-Aducción-Rotación interna) donde se busca llevar al máximo contacto articular. 4) Evaluación de la funcionalidad a través del Single Leg Step down, en donde se le evalúa la calidad de movimiento al realizar un descenso de pie con sentadilla a una pierna.

La evaluación de las imágenes se  realiza a través del estudio de Radiografías en la proyección de Dunn, se mide ángulo LCEA (Lateral center edge angle), formado entre una perpendicular que cae hacia el piso por el centro de la cabeza del fémur con una línea trazada desde el centro de la cabeza del fémur hasta el borde del acetábulo, y también se mide el ángulo ALFA en donde se trazan dos líneas, una pasa por el centro del cuello femoral y la otra línea se conecta al punto donde el contorno de la cabeza femoral sale de la esfera. También se hace una evaluación en la Resonancia Magnética Nuclear en donde se pueden visualizar posibles lesiones labrales.

Una vez diagnosticado el IC, existen 3 posibilidades de tratamiento. La opción conservadora sin kinesiología, en donde se manejan los síntomas con medicación y con educación de los movimientos causantes de dolor. La opción conservadora con kinesiología en donde se busca mejorar la calidad de movimiento y la funcionalidad, y corregir factores de riesgo que afectan el cuadro. La opción quirúrgica en donde se elimina la zona deformada y se reparan los tejidos afectados, puede ser a cielo abierto o a través de artroscopia.

Según revisiones sistemáticas, el tratamiento conservador no ha reportado resultados exitosos, si bien se reportan mejoras clínicas, el final del tratamiento conservador termina siendo la cirugía. El tratamiento postquirúrgico es prolongado y han sido reportados buenos resultados.

Si bien hay muchas propuestas de tratamiento basado en protocolos, en fases de hitos clínicos, ninguno ha sido puesto bajo prueba con ensayos clínicos aleatorizados. Actualmente se ha ideado un programa para ser aplicado multicentricamente llamado Hip-ART-i, el cual tendrá su publicación estimada a principios del 2020.   

 

BIBLIOGRAFÍA

Amanatullah DF, Antkowiak T, Pillay K, Patel J, Refaat M, Toupadakis CA, Jamali AA. Femoroacetabular impingement: current concepts in diagnosis and treatment. Orthopedics. 2015 Mar

The Warwick Agreement on femoroacetabular impingement syndrome (FAI syndrome): an international  consensus statement. Br J Sports Med. 2016

Heiderscheit B, McClinton S. Evaluation and Management of Hip and Pelvis Injuries. Phys Med Rehabil Clin N Am. 2016

Van Klij P, Heerey J, Waarsing JH, Agricola R. The Prevalence of Cam and Pincer Morphology and Its Association With Development of Hip Osteoarthritis. J Orthop Sports Phys Ther. 2018 Apr;48(4):230-238

Mosler AB, Agricola R, Thorborg K, Weir A, Whiteley RJ, Crossley KM, Hölmich P. Is Bony Hip Morphology Associated With Range of Motion and Strength in Asymptomatic Male Soccer Players? J Orthop Sports Phys Ther. 2018

Lewis CL, Loverro KL, Khuu A. Kinematic Differences During Single-Leg  Step-Down Between Individuals With Femoroacetabular Impingement Syndrome and Individuals Without Hip Pain. J Orthop Sports Phys Ther. 2018 Apr;48(4):270-279

 

Del codo de tenista a la neurodinámica del nervio radial

Lic. Germán Prez

 

El dolor en la región lateral del codo que se exacerba con la contracción de los músculos extensores del carpo, conocida como epicondilalgia o codo de tenista, es una presentación clínica muy común en personas de ambos sexos de entre 35 y 54 años de edad (Brooke, K. C. 2015). Si bien la causa más frecuente es la tendinopatía insercional de los músculos epicondíleos  que se manifiesta con dolor a la extensión resistida de la muñeca, de los dedos índice o medio, a la prensión y a la palpación del epicóndilo, existen también ciertos casos  en los que hay que tener en cuenta otros factores (Analie, B. 2015). El propósito de este artículo es describir una de las posibles causas de dolor en la región lateral del codo muchas veces olvidada la hora de tratar un pacientes con epicondilalgia.

 

El nervio radial, específicamente su prolongación posterior que atraviesa el músculo supinador corto puede presentar una mecanosensibilidad aumentada generando sintomatología en la región lateral del codo y antebrazo, el mismo puede ser evaluado mediante pruebas neurodinámicas. Una prueba neurodinámica consiste en una serie de movimientos corporales que producen acontecimientos mecánicos y fisiológicos en el sistema nervioso. (Robert, J 2012).  En el caso del nervio radial la prueba busca generar cierto grado de estrés en el sistema nervioso para determinar la existencia o no de un dolor asociado a una estructural neural. La misma consiste en generar una depresión del complejo del hombro, extensión de codo, rotación interna de hombro y pronación del antebrazo, flexión de muñeca y abducción de hombro.

 

 

Dicho test busca reproducir el síntoma del paciente. En caso de que eso suceda se realiza una diferenciación estructural quitando la depresión del hombro para diferenciar una estructura neural de un desorden musculoesquelético. Puede que las estructuras neurales estén sensibles a la tensión o al deslizamiento, ya sea proximal o distal. En función de los hallazgos encontrados, el terapeuta deberá decidir el tratamiento indicado. El objetivo de las movilizaciones neurales es restablecer la mecánica y la fisiología del nervio afectado. Las mismas pueden ser realizadas de manera pasiva o a modo de ejercicios realizados por el paciente. (Shacklock, M. 2005)

 

En conclusión, es importante no dejar pasar por alto ciertas evaluaciones ante entidades tan frecuentes que se presentan diariamente en nuestro consultorio. El nervio radial puede ser la causa de la molestia o un factor coexistente en conjunto a la tendinopatía.

 

Bibliografía.

 

  • Brooke, K. C. (2015). Management of Lateral  Elbow Tendinopathy: One Size Does Not Fit All. Journal of orthopaedic & sports physical therapy
  • Analie, B. (2015). The effectiveness of neural mobilizations in the treatment of musculoskeletal conditions: a systematic review protocol. JBI Database of Systematic Reviews & Implementation Reports
  • (Robert, J 2012). The Validity of Upper-Limb Neurodynamic Tests for Detecting  Peripheral Neuropathic Pain. Journal of orthopaedic & sports physical therapy
  • (Shacklock, M. 2005). Clinical neurodynamics: A new system of musculoskeletal treatment. Edinburgh: Elsevier/Butterworth

El tiempo pasa, nos vamos poniendo tecnos

Cuando el paciente llega al consultorio, debido a comentarios o experiencia propia, asocian al kinesiólogo con aparatos tales como magneto, ultrasonido, lámpara infrarroja etc. otorgándole a esta práctica el nombre de “kinesiología convencional”, pero que lejos está de la realidad que nosotros practicamos a diario.

Por suerte, en conjunto con el ejercicio y diferentes terapias manuales, la actualidad nos lleva a tener la posibilidad de ofrecer a nuestros pacientes una diversa batería de herramientas tanto para la evaluación como para el tratamiento, dejando atrás aquellos elementos antes mencionados a los que somos asociados directamente, pero que poco a poco parecen ir perdiendo o han perdido terreno en el campo de la rehabilitación.

La gran importancia de la medición de variables, como de la optimización de enfoques de tratamientos, tanto en rehabilitación como en la disminución de factores de riesgos de lesiones, nos obliga a tener que utilizar diferentes dispositivos y aplicaciones en nuestros pacientes.

El objetivo de este artículo es presentar cuatro de las herramientas que utilizamos en la práctica diaria y que tenemos a disposición en el consultorio.

En la actualidad un gran porcentaje de la población presentará a lo largo de su vida dolor cervical de causa y sintomatología variada. La bibliografía asocia este dolor con el deterioro de la función muscular, la cual se ve reflejada tanto por la alteración en el control neuromuscular como en las propiedades de las fibras musculares, factores que podrían potencialmente iniciar o perpetuar el dolor a nivel cervical. (1),(2)


Dos herramientas como el Chattanooga stabilizer preassure biofeedback y el láser (Motion Guidance) (imagen 1 A y B) son los que podemos utilizar en este tipo de pacientes. Las mismas no se limitan solamente a la columna cervical y por lo tanto su utilidad puede ser de gran ayuda en otras zonas donde se pueda tener una lesión y la optimización del control de movimiento sea el objetivo a trabajar o evaluar.

 

El primero es un dispositivo que consta de una almohadilla de plástico y un manómetro conectados por una manguera. El funcionamiento se verá reflejado en el manómetro al aumentar o disminuir las presiones sobre la almohadilla. El stabilizer cumple un rol fundamental a la hora evaluar mediante el test de flexión cráneo cervical (imagen 2.C) la musculatura profunda del cuello cuya función es de gran importancia en los pacientes que sufren dolor cervical. Esta herramienta además de brindarnos datos objetivos del nivel y calidad de la musculatura nos permitirá posteriormente realizar un entrenamiento de la misma e ir sensando y cuantificando su progresión.

A la vez que se evalúa la actividad de la musculatura, otro parámetro a observar es la calidad de movimiento de la columna cervical y aquí es donde la utilización de esta segunda herramienta cobra un rol importante. El puntero laser (imagen 1 B) se adapta a una banda y se coloca en la cabeza del paciente donde mediante el test joint position sense (sensación de posición articular) evalúa el sentido kinestésico de la columna cervical. (imagen 2F).
En este test donde el paciente se encuentra sentado a 90 centímetros de la pared marcando sobre ella la posición de partida mediante el láser, se procede a pedirle que rote la cabeza hacia la derecha e izquierda, en una primera instancia con ojos abiertos y posteriormente cerrando los mismos, para lo cual se observará y marcará la diferencia que existe entre la posición de partida y la posición en la que logra restablecer la posición inicial.(4)

Ya presentadas dos de las primeras herramientas, las otras dos que restan serán en relación a la utilización en la articulación del hombro, pero que al igual que las primeras no se limitan solamente a esta zona y su utilidad es de uso variado.


Debido a que la literatura nos muestra que en aquellas personas que realizan deportes como vóley, tenis o handball, donde los gestos se realizan con el brazo por encima de la cabeza, podemos encontrar en la articulación del hombro alteraciones a nivel de la movilidad y la fuerza, las cuales podrían ser un factor que contribuye a la aparición de lesiones a nivel de esta articulación y por la tanto será de gran importancia tener herramientas que nos permitan evaluar objetivamente estas variables.(5)

La disminución o déficit del movimiento de rotación interna en el hombro se lo define como GIRD y se lo relaciona con múltiples factores como la adaptación ósea, rigidez musculo tendinosa y capsular. (5,6) Sin embargo, algunos autores informaron que no todos los déficits de rotación interna son patológicos, diferenciando los mismos en GIRD anatómico y GIRD patológico, estableciendo para esto valores de corte, los cuales estarían relacionados con el rango total de movimiento (TROM). Siendo así de gran importancia la precisión en la valoración de estos grados de movilidad cuando evaluamos dicha articulación.

Para ello una herramienta que utilizamos es el Clinometer, (imagen 1 C) una aplicación disponible para teléfonos celulares. La misma nos permite evaluar de forma precisa y reproducible el rango de movimiento de las articulaciones (ROM). Dicha alternativa es de fácil acceso y bajo costo para los terapeutas permitiendo ser una variante altamente útil a elementos tales como el goniómetro (7). Por lo tanto, a la hora de evaluar las rotaciones de hombro, en primera instancia el paciente deberá  colocarse en decúbito supino (boca arriba) con el hombro a 90°de abducción en el plano de la escápula (10-15° anterior al plano frontal) y el codo flexionado a 90°.
Para comenzar, el antebrazo se coloca verticalmente, luego, el kinesiólogo gira interna o externamente de forma pasiva la articulación glenohumeral mientras mantiene la estabilización de la escápula mediante la palpación suave del proceso coracoideo, cuyo objetivo es sentir el movimiento y minimizar la contribución escapulotorácica. Se recomienda colocar un rollo de toalla por debajo del húmero para garantizar que el mismo permanezca en la posición deseada durante toda la medición.(2 A y B)

No menos importante es la evaluación de la fuerza de los músculos del manguito rotador; esencial en este tipo de pacientes deportistas, en la cual se debería observar  un equilibrio en la relación de la fuerza de los músculos que realizan tanto la rotación interna como la rotación externa, en donde correspondería encontrar en esta última valores entre 66/75% de la fuerza isométrica de los primeros. Para esto el dinamómetro de mano (imagen 1.D)  es una opción de gran utilidad y bastante accesible a la hora de evaluar la fuerza isométrica de los músculos rotadores de hombro (imagen 2 D y E).

 

En la actualidad  hay una gran variedad de elementos y herramientas disponibles que nos permitirían optimizar la evaluación y el tratamiento mejorando así ciertos parámetros en la calidad de atención. De este modo la kinesiología convencional no es la utilización de equipos de magneto, ultrasonido y lámpara. La kinesiología convencional o aquella kinesiología que no se refugia bajo ningún método o marca registrada, tiene para ofrecer múltiples herramientas y abordajes que lejos están de conectar al paciente a un aparato y dejarlo 30 minutos en una camilla, sino que hay una resistencia de kinesiólogos que siguen luchando por una práctica actualizada, responsable y en constante evolución.

 

Bibliografia:

  1. NeckPain: Revision 2017 ClinicalPracticeGuidelinesLinked to the International Classification of Functioning, Disability and HealthFromtheOrthopaedicSection.
  2. Deborah Falla, PhD, and DarioFarina, PhD. Neural and Muscular FactorsAssociatedwith Motor Impairment in NeckPain
  3. Gwendolen A. Jull. Clinicalassessment of the Deep cervical  flexor muscles: thecranio cervical flexion test.
  4. GwendolenJull PhD MPhty.Whiplash, Headache, and NeckPain: Research-BasedDirectionsforPhysicalTherapies.
  5. Robert Manske, Kevin E. Wilk.Invitedclinicalcommentaryglenohumeralmotion déficits: friendorfoe?
  6. MicheleForgiariniSaccola.Anatomicalglenohumeralinternalrotationdeficit and symmetricrotationalstrength in male and female Young beachvolleyballplayers.
  7. Brian C. Werner.Validation of aninnovativemethod of shoulderrange of  motionmeasurementusing a Smartphone clinometerapplication.

DOLOR DE HOMBROS EN NADADORES

Lic. Jeremías Escayola

 

La Natación es un deporte muy practicado. Actualmente, muchas personas lo realizan de forma recreativa, amateur o profesional. En este artículo vamos a analizar la frecuencia y la causa del dolor de hombros en nadadores.

Primero que nada tenemos que saber que el hombro es una articulación vulnerable en los nadadores y esto se debe a varios factores:

  • El 90% de la fuerza propulsiva en la natación viene de las extremidades superiores, lo cual genera un carga de trabajo muy importante sobre las articulaciones del hombro y sobre la musculatura implicada en los movimientos.  
  • Un nadador competitivo nada aproximadamente entre 6000 y 10000 mts por día. Por lo general entrenan entre 6 y 7 veces por semana. Esto lleva a repetir el gesto de la brazada una y otra vez, generando una importante carga de trabajo sobre los hombros. Si la dosificación del volumen y la relación entre el trabajo y el descanso no es óptima, pueden generar lesiones por sobreuso.
  • Sumado a estos factores, anatómicamente el hombro es una articulación relativamente inestable, haciendo que sea susceptible a sufrir distintos tipos de lesiones.

El estudio realizado por Kerr et al.(1) en el 2015, analiza la información obtenida por la National Collegiate Athetlic Association (NCAA) sobre las lesiones producidas en nadadores de nivel competitivo entre 2009 – 2014. En los resultados, mencionan que la región del cuerpo con mayor índice de lesión en los nadadores son los hombros (34%), seguidos por la espalda (16%) y luego por rodillas y muñecas (8.9% cada una). También demuestran que el mecanismo de lesión principal es el  sobreuso (70%) y que por lo general las lesiones se producen durante el entrenamiento y en menor proporción durante la competencia.

Bales et al.(2) en el 2012, publicó un artículo donde analiza las lesiones por sobreuso que sufren los triatletas durante el entrenamiento de natación. Explica que en los triatletas, el mayor número de lesiones se producen durante los entrenamientos de carrera y de ciclismo, pero que cuando una lesión se produce durante el entrenamiento de natación la localización más frecuente se da en el hombro.

Hill et al. (3) en el 2015, hizo una revisión sistemática de los factores de riesgo que pueden generar dolor de hombro en los nadadores:

  • Rotación interna/rotación externa: El rango de movimiento de rotación interna y externa es un factor de riesgo.  Walker et al. (5) Afirma que un incremento en la rotación externa y una disminución en la rotación interna está asociado de forma significativa con dolor y lesiones de hombro.
  • Laxitud e inestabilidad articular: Mc master et al.(6) encontraron una relación significativa entre la inestabilidad articular y el dolor de hombros en nadadores de elite.
  • Nivel competitivo: Nadadores de nivel competitivo tienen mayor riesgo de sufrir dolor y lesiones de hombro por sobre los nadadores recreativos. Zemek et al. (7 ).
  • Historia previa de dolor o lesión de hombro: Bansal et al.(8) Encontró una fuerte relación entre el historial de lesiones y los dolores de hombros en la práctica de natación

 

Pink et al. (4) En el 2000 describió la localización y la posición del dolor, en nadadores de nivel competitivo durante la brazada de crol.

El 44% de los nadadores identificaron el dolor en la región antero superior, el 26% mencionaron tener un dolor difuso, el 14 % afirmaron sentir el dolor en la región antero inferior, el 10% en la postero superior y el 4 % en la región postero inferior.

El 70% de los nadadores identificó el dolor en la primera mitad de la fase sub acuática. Otro punto vulnerable de la brazada es la primera mitad del recobro, donde el 18% de los nadadores refirió sentir dolor.

 

Pink también demostró que cuando aparece dolor durante la brazada de crol, se modifica la activación de los distintos grupos musculares del hombro, alterando la biomecánica normal y distorsionando la técnica de nado.

En los siguientes cuadros podemos ver la diferencia en la activación del subescapular y del infraespinoso con y sin dolor durante las distintas fases de la brazada de crol.

 

 

 

 

 

 

 

Concluyendo, podemos afirmar que los hombros son una región vulnerable del cuerpo y tienen un alto índice de lesión en los nadadores.

En su mayoría, las lesiones en la natación se dan por sobreuso. Esto significa que la lesión tiene un inicio progresivo que se va agravando con el paso del tiempo. En las primeras etapas se puede presentar como una simple molestia que aparece y desaparece, pero en etapas más avanzadas el dolor puede ser muy intenso y llegar a afectar la movilidad normal del hombro impidiendo la realización de la práctica deportiva y afectando a la persona en todas las esferas de su vida cotidiana.  

Es por esto que creemos que es muy importante estar atentos a dolores o molestias que se pueden presentar durante la práctica deportiva. Muchas veces un nadador continúa entrenando con una molestia sin prestarle atención. Esto es contraproducente ya que altera la biomecánica y el funcionamiento normal del hombro y además puede llevar a desarrollar una lesión de mayor magnitud.

El dolor es una alarma, cuando aparece no hay que ignorarla y es importante ir a ver a un profesional capacitado para resolver el problema lo antes posible. Cuanto más temprano el nadador reporte su dolor/molestia, más específico va a poder ser el diagnóstico y el tratamiento. Si dejamos que el tiempo pase y seguimos entrenando sin hacer nada el dolor probablemente sea cada vez más intenso y global, complicando el diagnostico preciso y el tratamiento específico.

 

Bibliografia:

(1) Kerr ZY, et al. Epidemiology of NCAA mens and womensswmming. SportsMed 2015; 49:465–471. doi:10.1136/bjsports-2014-094423

(2) Bales et al. Swimmingoveruse injuries associatedwithtriathlon training. SportsMedArthroscRev 2012; 20:196–199

(3) Hill et al. Risk factor forshoulderpain and injury in swimmers: a criticalsystematicreview. 2015. DOI: 10.1080/00913847.2015.1077097

(4) Pink et al. THE PAINFUL SHOULDER IN THE SWIMMING ATHLETE. 2000  PMID:10736394

(5) Walker H et al. PhysicalTherapy in Sport Shoulderpain in swimmers: A 12-month prospectivecohortstudy of incidence and riskfactors. PhysTher Sport 2012; 13:243–9.

(6) McMaster WC, Roberts A, Stoddard T. A correlationbetweenshoulderlaxity and interferingpain in competitiveswimmers. J SportsMed 1998; 26:83–6.

(7) Zemek MJ, Magee DJ. Comparison of glenohumeraljointlaxity in elite and recreationalswimmers. Clin J Sport Med 1996; 6:40–7.

(8) Bansal S, Gaurang A, Sinha K, Sandhu JS. Shoulderimpingementsyndromeamongcompetitiveswimmers in India – prevalence. J ExercSciFit 2007; 5(2):102–8.

MONITORIZACIÓN DE LA CARGA DE ENTRENAMIENTO EN EL TENISTA (II)

Parte II: ¿Cómo monitorizar la carga con un fin preventivo?

 

Lic. Diego Méndez

 

Se recomienda la lectura de la parte I para lograr entender el texto a continuación.

LINK

 

La monitorización de la carga en el deporte es una herramienta dentro de la prevención de lesiones que se considera universal, es decir que puede aplicarse a la mayoría de los deportes. Otras medidas dentro de la misma categoría son el control nutricional, el descanso adecuado y la regulación del stress tanto cotidiano como deportivo.

Hay ciertos deportes en los cuales este proceso está muy estudiado, a tal punto que se establecen límites diarios de cantidad de lanzamientos en pitchers según la categoría de edad en la que esté el jugador. El tenis no es uno de esos casos, no solo por la poca cantidad de estudios que existen sobre la aplicación de la monitorización de la carga, sino por la dificultad en la medición de los diferentes golpes, intensidades de impacto, desplazamientos, etc. El pitcher tiene un movimiento y no tiene casi desplazamiento, opuesto al caso del tenista.

 

Recordemos algunos términos para refrescar la memoria:

 

Como un ejemplo extremo para entender el ACWR, Drew et al (2015) evidenció que la tasa de lesiones durante un Training Camp de Judo fue del 83%. El promedio de carga de entrenamiento semanal tomando en cuenta la semana previa al campamento y la semana del campamento aumentó 469% (+- 246%) (datos sin publicar). Esta progresión semanal está lejos de permanecer en el rango seguro que se propuso anteriormente. Podríamos disminuir este desequilibrio de varias formas: (1) aumentando progresivamente las cargas de entrenamiento las semanas previas al campamento; (2) disminuyendo las cargas en la semana del campamento; o (3) una combinación de las anteriores. De todas formas, este estudio no tomó como fitness de la persona el CTL, sino solo la semana previa al campamento, por lo que debemos tomar las conclusiones alcanzadas con cautela.

 

¿Cómo llevar esto a la práctica diaria?

Para que el proceso de monitorización sea confiable debemos llevar un detalle diario de todas las cargas de trabajo tanto de tenis como de preparación física sin saltearnos ninguna. De lo contrario, la relación entre las diferentes variables puede aparentar un cambio abrupto en la progresión que no existió.

El tenis, como mencionamos en la parte I de esta nota, presenta el desafío de mantener las cargas físicas, tenísticas y total dentro de parámetros seguros de progresión. Este hecho, que aparenta simple durante una pretemporada, se complica al comenzar con el calendario de torneos. Lo que usualmente ocurre es que la carga tenística aumenta (mayor ATL tenis) y la carga física disminuye (menor ATL físico) durante la competencia, pudiendo la carga total mantenerse (igual ATL total) y dejando un ACWR total dentro los valores propuestos (0.8-1.3) pero alterando el equilibrio del ACWR de tenis que estaría aumentado y del ACWR de físico que estaría disminuido.

Entonces:

ACWR tenis aumenta por las intensidades generadas durante la competencia

ACWR físico disminuye día a día durante una gira

ACWR total se mantiene dentro los valores normales porque se compensan sus componentes

Claramente estos hechos están sujetos a muchísimas variables relacionadas con la cantidad de torneos seguidos en los que se participa, la cantidad de partidos jugados en cada torneo, la intensidad y duración de cada partido y de los entrenamientos, etc. Razón por la cual la generalización de estas conclusiones no es posible y cada caso deberá evaluarse en su contexto individual.

 

El problema con el que más comúnmente nos solemos encontrar con el tenista no top 30 es que, a medida que las semanas de gira van pasando y no se realizan estímulos de entrenamiento físico (porque no suelen viajar siempre con preparador físico o kinesiólogo), el CTL de físico puede llegar a 0 (gira de 4 semanas sin entrenamiento físico) y, al volver a entrenar la parte física luego de esa gira, la cantidad de semanas disponibles antes de volver a competir nuevamente no alcanzan para poder generar una rampa de CTL dentro de los valores seguros y, por lo tanto, el ACWR de físico aumenta considerablemente. La solución para ésta situación podría ser: (1) aumentar la cantidad de semanas de entrenamiento entre giras, lo cual muchas veces no es posible por los compromisos deportivos; (2) realizar entrenamiento físico durante la competencia, aunque muchas veces la proximidad de los partidos lo imposibilita; (3) una combinación de ambas en donde las semanas de entrenamiento sin competencia dependerán de la cantidad de entrenamiento físico que se haya podido hacer durante la gira.

En el tenista top 30, la cantidad de torneos seguidos es menor por lo que éste factor es más manejable. Además suelen viajar con más miembros de su equipo de trabajo que pueden ayudar al entrenamiento físico y mantener este equilibrio de cargas más armoniosamente.

 

¿Qué es lo importante?

El ideal sería que tanto el ACWR total, como el de tenis y físico se mantengan entre 0.8 y 1.3. Dado que el tenis es un deporte que no permite una planificación tan exacta por la gran cantidad de competencias y la variabilidad en los resultados, debemos estar día a día modificando el plan de acción para que esto suceda.

Muchas veces, las circunstancias de una gira hacen que el jugador deba competir muchos días seguidos. Esto no es algo que se pueda prever. En este caso, debemos prestar atención a que el ACWR total permanezca dentro de los parámetros normales compensando los ATL de tenis y de físico. Al terminar el torneo y antes del comienzo del siguiente debemos, dentro de nuestras posibilidades, reequilibrar estos componentes.

Ahora bien, si estamos ante la situación en la que el jugador es sometido a un aumento de la carga excesivo, ya sea por demasiada competencia no programada (aumento de la carga externa) o por problemas relacionados con el descanso o el stress emocional (aumento de la carga interna), y no hayamos podido regularlo con anticipación, las medidas a tomar deberán estar destinadas a disminuir los tipos de trabajo potencialmente generadores de lesiones durante las siguientes 4 semanas de entrenamiento. De más está decir que no sería el momento propicio para encarar un cambio de técnica o buscar mejorar alguna cualidad física específica que no se haya estado trabajando previamente. En pocas palabras, durante 4 semanas entrenar “seguro” y no innovar.

 

¿Qué ocurre luego de un período de inactividad?

Uno de los puntos más riesgosos y menos cuidado en el manejo de la carga es la vuelta al entrenamiento posterior a un período de descanso, sea este originado por una lesión o por vacaciones. Estos dos casos son claramente diferentes pero se asemejan en el control que debemos llevar de la progresión de la carga hasta poder llegar a entrenar al 100%.

En el caso en que un jugador deba dejar de entrenar y/o competir por una lesión tenemos que procurar mantener el mayor nivel posible de entrenamiento (por más que dejemos de lado la especificidad) para que al volver a la actividad específica el cambio de las cargas soportadas no sea abrupto. Lo mismo podría ocurrir en el caso de un tenista que frena entre 2 y 3 semanas por vacaciones. La posibilidad de continuar realizando cierto tipo de trabajos durante ese período, permite la carga más temprana al comenzar la pretemporada.

Haciendo un poco de números, supongamos que un tenista en la semana previa a lesionarse estaba entrenando un 100% y, debido a esa lesión baja a un 0% semanal por 2 semanas. El Chronic Training Load (CTL) será de 50% (Caso 1). Si en la siguiente semana luego de frenar esas 2 anteriores a 0 vuelvo a entrenar al 100% el Acute:Chronic Workload Ratio (ACWR) sería de 2.0 (Caso 2), cuando el valor que tiene evidencia de disminuir el riesgo de lesión es entre 0.8 y 1.3. Por otro lado, si yo logro mantener una carga de entrenamiento del 30%, ese ACWR sería de 1.54 (Caso 3). Y si, sumado a ese cambio, puedo no volver a entrenar al 100% sino tomarme una primer semana más progresiva al 80%, el ACWR sería de 1.33 (Caso 4),  poniéndonos en una situación mucho más favorable que la que teníamos 10 renglones más arriba.

Ahora bien, podemos tener un CTL, un ATL y un ACWR aceptable para volver a competir pero sin embargo los entrenamientos de intensidad similar a un partido, de desplazamientos a alta velocidad, etc no fueron suficientes para poder hacer frente a una competencia dura. En este caso, por más que los datos que comúnmente miramos estén dentro de los valores seguros, el riesgo de lesión estaría aumentado.

Esto nos lleva a una conclusión que no debemos confundir: Monitorear la carga no significa entrenar poco, sino entrenar lo necesario para las necesidades de la competencia. Un deportista debe entrenar fuerte para competir fuerte, porque entrenar fuerte no lesiona. Lo que puede lesionar es la forma en la que llegamos a entrenar así.

Para que se pueda entender más claramente, la carga de entrenamiento es como la farmacología. Necesito una determinada cantidad de droga para generar un efecto en una patología. Si pongo más fármaco (entreno más de lo que puedo), tengo muchos efectos secundarios (me lesiono); pero si utilizo menos (entreno menos de lo que necesito), no llego a tener el resultado que busco (el rendimiento deportivo no es el buscado y también puede causar lesiones). Nótese que lo escrito entre paréntesis es la analogía del entrenamiento.

 

¿Por qué es importante monitorear la carga de entrenamiento?

El principal objetivo del análisis de las carga de entrenamiento y competencia es proporcionar información al coach y al preparador físico sobre la situación actual del tenista y hasta dónde se lo puede exigir sin transformarse en un riesgo de lesión. Esto es útil tanto para no exigirlo tanto, como para hacerlo un poco más. Es decir, hay momentos donde el nivel de fitness del tenista puede ser muy bajo para encarar una competencia determinada y deberemos aumentar las cargas de entrenamiento lo suficiente para afrontar ese torneo.

 

Nota

Los cálculos de ACWR en la totalidad de la nota han sido acoplados matemáticamente. Esto quiere decir que el CTL incluye al ATL en su valor.

 

BIBLIOGRAFIA

  • Blanch P, Gabbett TJ, Has the athlete trained enough to return to play safely? The acute:chronic workload ratio permits clinicians to quantify a player’s risk of subsequent injury, Br J Sports Med 2015;0:1–5.
  • Drew MK, Giles LS, Nasser AM, et al. Injuries sustained during an international judo training camp. American College of Sports Medicine Conference; San Diego, California, USA: ACSM, 2015
  • Drew MK, Cook J, Finch C, Sports-related workload and injury risk: simply knowing the risks will not prevent injuries: Narrative review, Br J Sports Med 2016;50:1306–1308
  • Pluim B., Drew M.; It’s not the destination, it’s the ‘road to load’ that matters: a tennis injury prevention perspective; Br J Sports Med; 2016.
  • Vescovi J.; Acute:chronic training loads in tennis: which metrics should we monitor?; Br J Sports Med; 2017
  • Windt J., Gabbett T.; Is it all for naught? What does mathematical coupling mean for acute:chronic workload ratios?; Br J Sports Med 2018
  • Bourdon P., Cardinale M., Murray A., Gastin P., Kellmann M., Varley M., Gabbett T., Coutts A., Burgess D., Gregson W., Cable N.; Monitoring Athlete Training Loads: Consensus Statement; IJSPP Vol. 12, Suppl 2, 2017

MONITORIZACIÓN DE LA CARGA DE ENTRENAMIENTO EN EL TENISTA

Parte I: ¿Qué es la carga y cómo puede medirse?

 

Lic. Diego Méndez

 

El tenista, así como cualquier deportista, debe encontrar un equilibrio entre la cantidad de entrenamiento que debe realizar para alcanzar un objetivo determinado, y la que puede soportar para no lesionarse en el camino. Las variables que determinan cuál es ese punto son innumerables, aunque la monitorización de la carga es el pilar fundamental para acercarnos a ese objetivo.

 

El concepto de carga en el deporte, tal cual como se lo conoce, hace en realidad referencia a lo que se denomina Carga Externa y está compuesto por la sumatoria de entrenamientos que tanto el entrenador como el preparador físico planifican para un deportista específico. Las variables básicas para poder dosificar esta carga externa son el volumen, la frecuencia, la densidad y la intensidad de los estímulos. Básicamente, es el plan de entrenamiento escrito en un papel. Este plan deberá contener una progresión determinada para evitar cambios bruscos en la carga de entrenamiento y, como consecuencia, generar sobrecargas y lesiones.

Existe, sin embargo, otro factor muy importante que debemos tener en cuenta. Se denomina Carga Interna y es la forma en la que un deportista se adapta al entrenamiento realizado. Este concepto no es tan concreto como el anterior y no solo hace referencia a la parte psicológica del entrenamiento, sino a factores físicos que influyen en cómo la persona percibe un estímulo determinado. Entre los más comunes están el descanso, tanto en calidad como cantidad; la nutrición, en referencia a la cantidad, calidad y el timing de la ingesta; el estrés, tanto cotidiano como deportivo; por nombrar algunos.

Para conocer la carga total a la que se somete un deportista debemos tener la posibilidad de medir tanto la carga externa como la interna. En el primer caso, el avance tecnológico pone a nuestra disposición dispositivos como el GPS que puede otorgarnos los datos que necesitamos. Sin embargo, los errores de medición de éstas herramientas hacen que la utilización en deportes como el tenis, donde los desplazamientos son muy cortos y existen tantos cambios de dirección, no sea válido. La forma más certera, aunque por el momento incompleta, de medir la carga externa en el tenis es la cantidad de minutos que duró un entrenamiento o partido. En el caso de la carga interna, los niveles de lactato en sangre son la medida más confiable para conocer el efecto que un entrenamiento ha generado en el deportista y así decidir hasta qué punto se lo puede exigir. Sin embargo, la utilización práctica de este método lo hace inviable en el día a día por lo que debemos buscar una herramienta más cotidiana como es el RPE (Rating of Percieved Exertion) que se refiere a la valoración, por parte del deportista, de la intensidad del entrenamiento que acaba de realizar en una escala del 1 al 10 siendo 1 muy leve y 10 la máxima intensidad que hubiera podido realizar. Esta medida debe tomarse a los 30 minutos de terminado el entrenamiento. La multiplicación de ambos valores, minutos y RPE, determina el valor de carga de un entrenamiento determinado.

Entonces…

En el caso específico del tenista, la carga que recibe presenta un origen dual: la proveniente de los estímulos de tenis y de físico, aunque muchas veces puede mezclarse cuando se realiza “físico en cancha”, que sería un estímulo de entrenamiento físico pero con elemento deportivo. Por lo tanto, en el caso de un tenista tenemos 3 valores paralelos que debemos monitorear:

  • Carga de tenis
  • Carga de físico
  • Carga total

 

¿Cómo se llega a una sobrecarga?

Teniendo esto en cuenta, podemos definir que una Sobrecarga puede ser absoluta o relativa. En el primer caso, la progresión de la carga externa es demasiado abrupta y puede deberse a: (1) una mala planificación de las cargas de entrenamiento; (2) una falta de comunicación entre los miembros del equipo de trabajo donde falle la coordinación entre la parte tenística y la parte física; o (3) una excesiva carga de competencia y poco descenso compensatorio de la carga de entrenamiento. La sobrecarga relativa, por otro lado, se origina en una mala monitorización de la carga interna. En este caso, la planificación de la carga externa es correcta pero la adaptación del tenista a la misma no lo es. Esto puede deberse a innumerables factores, entre los más comunes podemos encontrar la falta de descanso y nutrición adecuados a las exigencias físicas y psíquicas, un excesivo nivel de estrés, una falta de motivación, etc.

 

¿Y qué hacemos con estos números?

La sumatoria de estos datos a través del tiempo nos otorga 2 valores importantes: el Chronic Training Load (CTL) y el Acute Training Load (ATL). Unificando un poco los métodos con los que se puede llegar a estos números, podríamos decir que el CTL es el promedio de carga diaria de los últimos 28 días y se refiere al estado físico o fitness del tenista; y el ATL es lo mismo pero de los últimos 7 días y hace referencia al estado de fatiga que presenta actualmente. Eventualmente, y debido a las características específicas de cada deporte, los tiempos en los que se toma el CTL y el ATL pueden modificarse. La interacción entre estos dos valores nos proporciona el Acute:Chronic Workload Ratio (ACWR) que nos marca si la carga de entrenamiento a la que fue sometido el tenista presentó cambios abruptos o no. En líneas generales, este valor deberá permanecer entre 0.8 y 1.3 para que la progresión de la carga sea segura y la probabilidad de lesionarse sea mínima.

 

 

En valores por debajo de 0.8 el índice de lesiones aumenta ya que el deportista se encontrará subentrenado para los requerimientos del deporte. Por otro lado, un ACWR por arriba de 1.3 indica una progresión demasiado abrupta de la carga. Esta última no siempre significa que la progresión teórica que se haya planteado sea errónea, sino que el tenista puede no estar adaptándose a la misma por cuestiones relacionadas con la carga interna.

 

Existen ciertas características individuales de cada tenista que van a hacer que sea más o menos factible que las variaciones abruptas de la carga, evaluadas a través del ACWR, lleguen a ocasionar una lesión o no. Las más relevantes son:

  • CTL actual: Cuanto mayor sea la carga de entrenamiento acumulada o fitness que tiene una persona, mayor será la capacidad de soportar una progresión acelerada.
  • Historial de lesiones: Una persona con mayor cantidad de lesiones sufridas durante su carrera deportiva tendrá un nivel de sufrimiento de sus estructuras mayor que otra que no se ha lesionado tanto.
  • Edad: El envejecimiento de los tejidos es un factor predisponente para la aparición de lesiones.

 

Conclusión

La carga total de un tenista está compuesta por la originada en los entrenamientos de tenis y de físico. Lo mismo ocurre con la mayoría de los deportes, con la diferencia que en el tenis, la metodología de entrenamiento y el calendario de competencias exige un determinado número de semanas seguidas con mucha carga de tenis y poca de físico, para luego cortar la gira e invertir la dosificación. Es decir, aumentar la carga de físico disminuyendo levemente la tenística para prepararse para la siguiente competencia. La implementación de estas variantes dependerá en mayor medida del ranking del jugador, el cual puede obligarlo a jugar ciertos torneos por el solo hecho de entrar o, por el contrario, preferir jugar una determinada cantidad de torneos seguidos para poder sumar la mayor cantidad de puntos. Por lo tanto, el ranking del jugador y la planificación del calendario, será lo que determine la estrategia a seguir por el equipo multidisciplinario para llevar al tenista a alcanzar el mayor rendimiento posible sin llegar a lesionarse.

 

 

Nota

Los cálculos de ACWR en la totalidad de la nota han sido acoplados matemáticamente. Esto quiere decir que el CTL incluye al ATL en su valor.

 

BIBLIOGRAFIA

  • Blanch P, Gabbett TJ, Has the athlete trained enough to return to play safely? The acute:chronic workload ratio permits clinicians to quantify a player’s risk of subsequent injury, Br J Sports Med 2015;0:1–5.
  • Drew MK, Giles LS, Nasser AM, et al. Injuries sustained during an international judo training camp. American College of Sports Medicine Conference; San Diego, California, USA: ACSM, 2015
  • Drew MK, Cook J, Finch C, Sports-related workload and injury risk: simply knowing the risks will not prevent injuries: Narrative review, Br J Sports Med 2016;50:1306–1308
  • Pluim B., Drew M.; It’s not the destination, it’s the ‘road to load’ that matters: a tennis injury prevention perspective; Br J Sports Med; 2016.
  • Vescovi J.; Acute:chronic training loads in tennis: which metrics should we monitor?; Br J Sports Med; 2017
  • Windt J., Gabbett T.; Is it all for naught? What does mathematical coupling mean for acute:chronic workload ratios?; Br J Sports Med 2018
  • Bourdon P., Cardinale M., Murray A., Gastin P., Kellmann M., Varley M., Gabbett T., Coutts A., Burgess D., Gregson W., Cable N.; Monitoring Athlete Training Loads: Consensus Statement; IJSPP Vol. 12, Suppl 2, 2017

KINESIOLOGÍA DEPORTIVA EN EL TENIS

No todo es terapia manual y ejercicios en prevención de lesiones.

Lic. Diego Méndez

 

Cuando hablamos de prevención de lesiones en el deporte, y el tenis en particular, lo primero que se viene a la mente es si tiene los isquiotibales cortos, el tobillo inestable o una debilidad de la musculatura glútea o en la zona media, y qué ejercicios debería hacer para contrarrestar esta situación. Esto no está del todo errado, pero está lejos de representar un plan integral preventivo para un deportista, más aún si hablamos de un tenista profesional.

La finalidad de esta nota es introducirlos en la labor del kinesiólogo deportivo en la prevención de lesiones.

 

¿Cuál es el objetivo del kinesiólogo deportivo?

El tenista, dependiendo de su compromiso con el deporte, tiene un objetivo primario y uno secundario: mejorar su rendimiento y no lesionarse en el camino respectivamente. Esto requiere un trabajo conjunto del entrenador, el preparador físico y el kinesiólogo para controlar los siguientes factores:

  1. Factores extrínsecos o externos al tenista
    1. Cargas de entrenamiento y competencia
    2. Modificaciones en la técnica o equipamiento deportivo
    3. Cambios en las superficies de juego
  2. Factores intrínsecos o propios del tenista
    1. Modificables
      1. Factores biomecánicos: se refieren a condiciones especiales en el movimiento o la estática del deportista que pueden favorecer la aparición de una lesión. Éstos se identifican a través de las conocidas Evaluaciones Preventivas.
      2. Factores biopsicosociales: están relacionados a la nutrición, el descanso y el estrés cotidiano o deportivo.
    2. No modificables
      1. Lesiones previas
      2. Edad
      3. Sexo
      4. Laxitud
      5. Genética

La interacción de estas variables constituye lo que Meeuwisse et al (2007) denominó el Modelo Dinámico de la Prevención de Lesiones.

La labor de kinesiólogo deportivo estará más específicamente apuntada a abordar los factores biomecánicos y ayudar al control de las cargas de entrenamiento y los cambios en los factores extrínsecos, como veremos más adelante.

 

¿Sirven las evaluaciones preventivas?

Las evaluaciones preventivas tienen como finalidad la identificación de un determinado factor de riesgo para poder abordarlo y disminuir las probabilidades de lesionarse. Tienen su fundamento en el hecho de que cada deporte presenta una prevalencia de injurias propia del mismo, y que cada una de éstas podría originarse a partir de ciertas alteraciones a nivel de la estática y el movimiento corporal.

Existe tanta variedad de evaluaciones preventivas como controversias acerca de ellas. En la era de la medicina basada en la evidencia, la cual nos encontramos transitando actualmente, se aceptan o descartan (mayormente ésta última) herramientas de evaluación, intervenciones preventivas o terapéuticas, etc., con cierta facilidad debido a que no existen estudios científicos que las respalden. Sin embargo, en muchas ocasiones, la metodología utilizada por la investigación para llegar a esa conclusión es pobre e inválida.

Es muy difícil, desde el punto de vista científico, lograr relacionar un determinado factor de riesgo con la aparición de una lesión específica, aunque es posible. Inclusive, es más difícil identificar el valor de corte por encima del cual esa medida pasa a ser un riesgo. Pero lo que sí es casi imposible, es encontrar un estudio científico bueno metodológicamente que mida todo esto en la población que yo necesito; en este caso, tenistas amateur o profesionales de determinada edad. Es decir: ¿Esta evaluación tiene la suficiente validez y confiabilidad para encontrar factores de riesgo en la persona que tengo frente a mí?

 

¿Quiénes deberían hacer ejercicios preventivos?

Si nos basamos en la hipótesis de que las evaluaciones preventivas realmente pueden identificar a un deportista en riesgo de lesión, todos los individuos que presenten un factor de riesgo determinado deberán realizar un plan de ejercicios (o la medida preventiva que decida el profesional a cargo) para intentar evitar la lesión.

Al partir de la premisa expuesta en el punto anterior, en el que definimos que es casi imposible identificar qué deportistas están en riesgo a través de una evaluación preventiva, la respuesta no es tan clara. Llevándolo a la práctica para entenderlo mejor, tomemos como base que el colapso medial de rodilla (desplazamiento interno de la rodilla con respecto al pie al hacer una sentadilla) durante un Drop Jump Test, es un factor de riesgo para desencadenar un Sindrome Femoropatelar (SFP). Esta lesión es común en el tenista. Sin embargo, evaluar en una determinada población de jugadores de tenis, quiénes tienen esta alteración y colocar las personas con resultado positivo en un plan de ejercicios para compensarlo, no me previene el SFP de todos los jugadores, sino solo de los que están realizando los ejercicios. Es decir, muchos jugadores que testearon de forma negativa igualmente sufrieron un SFP. Entonces la pregunta es: Si yo sé que el SFP es una lesión común en el tenis, y que ésta tiene como una de sus causas al colapso medial de rodilla, ¿Por qué no poner a todos los jugadores de tenis a realizar los ejercicios para compensar el colapso medial de rodilla?

Lo que sí está comprobado es que la utilización de un plan preventivo para un grupo determinado de personas disminuye la prevalencia de las lesiones que se intentan prevenir. Por lo tanto, tenemos dos escenarios hipotéticos:

  1. Evalúo un grupo, encuentro quienes tienen un factor de riesgo y le doy ejercicios solo a esas personas. Resultado: Prevalencia de lesiones 20%
  2. No evalúo a nadie y le doy ejercicios a todos. Resultado: Prevalencia de lesiones 10%

¿Qué harían ustedes? Si la intervención no fueran ejercicios de control motor o fortalecimiento sino amputarse una pierna, la situación sería otra.

Los planes preventivos deben estar apuntados a los grupos en riesgo y no a individuos determinados dentro de ese grupo, ya que las herramientas para determinar cuáles son esos individuos, no son lo suficientemente sensibles y específicas.

 

Entonces… ¿Cómo hacemos para prevenir lesiones?

No es mi objetivo que dejemos de evaluar a los deportistas que tenemos en frente. Quizás las afirmaciones anteriores fueron un poco absolutistas pero sólo con el fin de que se entienda el punto de vista. Las evaluaciones preventivas sirven para que conozcamos cómo se mueve el deportista, si tiene alguna restricción específica que debamos abordar y que no forme parte de los riesgos específicos del deporte que practica, poder objetivar en cierta medida la evolución individual, entre otras cosas. Pero bajo ningún concepto sirven para predecir qué persona tiene más riesgo de lesionarse. Por lo menos las herramientas actuales.

 

Con qué herramientas contamos para prevenir lesiones:

Concluyendo, el objetivo principal del kinesiólogo deportivo es la prevención de lesiones, y para lograr esto, la monitorización y dosificación de la carga parecería ser la herramienta más importante.

Siempre se piensa que las altas cargas de entrenamiento están asociadas a mayor cantidad de lesiones. Si bien esto es así, estas altas cargas también representan un factor protector del deportista ya que lo preparan para soportar las duras exigencias de las competencias. Parafraseando a Tim Gabbett: “No es tanto la carga en sí misma, sino cómo se llega a ella”.

 

Bibliografía

 

  • Meeuwisse WH, et al. A dynamic model of etiology in sport injury: the recursive nature of risk and causation. Clin J Sport Med, 2007
  • Drew MK, Cook J, Finch C, Sports-related workload and injury risk: simply knowing the risks will not prevent injuries: Narrative review, Br J Sports Med 2016;50:1306–1308
  • Aaltonen S., Karjalainen H, Heinonen A, Parkkari J, Kujala U; Prevention of Sports Injuries: Systematic Review of Randomized Controlled Trials; Arch Intern Med. 2007;167(15):1585-1592
  • Lauersen JB, Bertelsen DM, Andersen LB; The effectiveness of exercise interventions to prevent sports injuries: a systematic review and meta-analysis of randomised controlled trials; Br J Sports Med 2014;48:871–877
  • Chimera N, Warren M; Use of clinical movement screening tests to predict injury in sport; World J Orthop 2016 April 18; 7(4): 202-217

Lesiones y Aumento de Peso

Lic. en Nutrición Marina Vazquez

 

Cuando un deportista o una persona activa tiene una lesión que lo inhabilita parcial o por completo a realizar actividad física por grandes periodos de tiempo, es posible un aumento de peso. Conozcamos por que suele suceder esto y algunas recomendaciones generales a tener en cuenta para prevenirlo.

 

Gasto Energético y Hábitos Alimentarios

El gasto energético diario, es decir, cuanto quema de calorías por día una persona es muy variable y depende de la genética, el sexo, la edad, la composición corporal, la actividad física e inclusive lo que se come y los cambios de temperatura. Los requerimientos de nutrientes también van a variar en su cantidad y calidad.

Una persona con un estilo de vida donde entrena de manera moderada a intensa varias veces por semana, su gasto energético tiende hacer alto y sus hábitos alimentarios se acomodan a comer en gran cantidad y seguido, inclusive a no controlar. Cuando sucede una situación como una lesión que baja la actividad diaria y con esto las calorías, generalmente, los hábitos no se modifican porque ya son rutina. Comemos como siempre pero lo que gastamos disminuyó, acá se genera lo que llamamos un balance positivo. Se come más de lo que se gasta y trae aumento de peso progresivo a base de tejido graso, acumulativo de energía. Entonces en estos casos necesitamos un cambio conductual, donde se debe acomodar la alimentación al nuevo gasto. Se puede ayudar buscando comidas con volumen y baja densidad que le permitirán a la persona una visión y sensación de cantidad sin tantas calorías. Por ejemplo si la persona comía medio plato de bife de carne con puré de papa modificar agregando una ensalada o una tortilla de verduras al plato y achicando las otras cantidades podría ser una opción.

Una masa muscular normal o aumentada hará que se queme más calorías durante el día y en ejercicio. Normalmente si no ejercitamos vamos perdiéndola, esto también disminuirá el gasto energético. Para colaborar en prevenir esto, en medida de lo posible, no se debe dejar de ejercitar las zonas no afectadas por la lesión, siempre consultando antes con un profesional capacitado. En cuando a la alimentación procurar luego de ejercitarse una comida que le proporcione proteínas (Carnes magras, huevo, etc.) e hidratos de carbono (Pan, avena, fideos, etc.), además de consumir diariamente frutas y verduras que le darán vitaminas, minerales y fibra que serán necesarias para una buena recuperación y salud junto con una correcta hidratación (Mínimo 2 litros).

 

Recompensas Cerebrales y Ansiedad

La rama de la psicología habla de un duelo por lesión que tiene varias fases:

  1. Empieza negando la situación, quiere seguir entrenando a pesar del malestar.
  2. La negociación, el deportista empieza a desesperarse, e intenta negociar con su entrenador y preparador físico volver pronto
  3. El siguiente paso del duelo en casos en los que las lesiones son de duración prolongada es la depresión. La persona puede caer en un estado de ánimo depresivo en el que se produce una desesperanza y la idea irracional de que ya no podrá volver a estar al máximo de su rendimiento.
  4. En el cual el deportista acepta su lesión, y facilita el proceso de recuperación.

La alimentación nos genera dopamina y serotonina, hormonas de sensación de placer, bienestar y felicidad por lo que ante estados depresivos, angustias, ansiedad y duelos, inconscientemente muchos recurrimos a comer para satisfacer y aplacar lo que nos está afectando. Obviamente es algo temporario porque no resuelve la situación. El ejercicio también aumenta estas hormonas y al no realizarlo o hacerlo menos se tiende a canalizar esta falta en la comida o bien las horas libres en gesto de comer. La clave es aprender a disfrutar de la vida y no solo de la comida, buscar generadores de serotonina que no nos lleven a comer en exceso. Por ejemplo, compartir tiempo y charlas con amigos o familiares; escuchar música; leer un libro; sentarnos al aire libre; hacer lo que también te haga feliz!

Comer rico es un derecho, déjate tentar pero es clave la porción que vas a consumir y la continuidad. No es lo mismo comerse una torta entera a comer una porción de torta todos los días o comer en una reunión con amigos una porción de torta. La primera opción es un atracón, la segunda no es una conducta saludable y la tercera es un estilo de vida, donde se acomoda la conducta a la situación actual con porciones moderadas, compartiendo y en bienestar individual y social.

 

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