Me tiró, Me pinchó… ¿En 21 días estoy de vuelta?

Lic. Blas Tallarico

 

En el ámbito del deporte estos términos son escuchados habitualmente, destacándose en actividades como fútbol, rugby, velocistas, entre otros. El objetivo de esta nota es dar a conocer los principales puntos de esta patología muscular, clasificaciones y maneras de abordarla.

A modo introductorio podemos afirmar que los músculos biarticulares son los más afectados, siendo los grupos musculares de los miembros inferiores los más perjudicados con la siguiente prevalencia: Isquiotibiales 37%, aductores 23%, cuádriceps 19%. Su incidencia aumenta con la edad mayor 22 años.

Cuando abordamos al paciente en la anamnesis debemos hacerle preguntas específicas que nos brinden información útil para llegar a un diagnóstico preciso así como también para abordar y dirigir el tratamiento hacia el éxito. De esta forma podemos identificar los factores de riesgos propios de cada individuo (llamados factores internos), donde se destacan: lesión previa, + edad, IMC, altura, dominancia, género, déficits de flexibilidad y fuerza, carga emocional. Como así también factores externos: clima, partidos durante el invierno, partidos de torneos, superficie donde se juega, indumentaria y elementos con los que se practica el deporte.

Con respecto a signos y síntomas debemos considerar varios puntos: dolor a la palpación, dolor al estiramiento, dolor contra resistencia, hematoma superficial a veces (tenemos que tener en cuenta que el hematoma puede aparecer a los días y en un lugar más distal a la lesión).

La Ecografía y RMN son los estudios complementarios de mayor utilidad para confirmar este tipo de lesiones.

Como abordaje integral basado en el modelo biológico, 21 días es lo estipulado para preparar al músculo lesionado para las demandas mecánicas a las cuales va a ser expuesto. Este es nuestro principal objetivo.

Hay que tener en cuenta que el tejido muscular una vez dañado comienza su proceso de reparación donde posee una fase de destrucción, reparación y remodelación (maduración y reorganización del tejido). A este proceso fisiológico debemos brindarle el ambiente óptimo para que se desarrolle.

Existen varias clasificaciones con respecto a los tipos de lesiones musculares lo cual hace difícil estandarizar y proporcionar una terminología clara para facilitar la comunicación entre colegas.

Hoy en día la más destacada a nivel mundial es la clasificación que se determinó en el consenso de Múnich, donde participaron médicos especializados en medicina del deporte reconocidos a nivel mundial. Donde se definió la siguiente clasificación:

Teniendo presente esta clasificación, que permite ubicarnos y tener en claro nuestro punto de partida con el paciente, debemos plantear un tratamiento con sus respectivos objetivos en base a la información recolectada.

Para ello se destacan dos protocolos (basados en lesiones musculares sobre isquiostibiales, siendo estos los más estudiados y analizados en relación a su prevalencia). El primero basado en ejercicios de estiramiento (Askling), y un segundo protocolo basado en ejercicios dirigidos abordando los factores de riesgo detectados de cada individuo (abordaje integral, Mendigucha).

Con la información que se fue recolectando, vamos a dividir el tratamiento en fases para seguir un orden,  donde hay una fase Aguda, fase Regenerativa, fase Funcional.

En la fase Aguda (primeros 5 días dependiendo la lesión) se recomienda ¨PRICE¨, protección, reposo, hielo, compresión, elevación. La terapia manual, como masajes, técnicas de drenajes, movilidad articular, son importantes en esta fase. La idea es ofrecerle una carga óptima al tejido para su reorganización, ejercicios isométricos suaves buscando disminuir contractura muscular y dolor. Una vez que el paciente se encuentra sin dolor pasa a la siguiente fase.

La inmovilización permite que el tejido conectivo (tejido de granulación) suelto y temprano se forme entre sí, y asi obtener la fuerza necesaria para resistir las fuerzas inducidas por la contracciones aplicadas en el tejido en regeneración sin una nueva ruptura. Evitar las rerrupturas es importante, ya que se ha demostrado que éstas son las lesiones musculares esqueléticas más graves que causan la mayor pérdida de tiempo en la actividad deportiva (extendiendo aún más los días de rehabilitación).

En la fase Regenerativa  buscamos mejorar la fuerza, flexibilidad, control neuromuscular, carga óptima (ejercicios isométricos, excéntricos y concéntricos). Avanzamos con ejercicios de pliometría de bajo impacto, pequeños saltos para luego realizar trote. Si cumple con los criterios de progresión  descriptos en el protocolo de Mendigucha, prosigue a la siguiente fase.

La movilización del músculo esquelético lesionado debe iniciarse gradualmente (es decir, dentro de los límites del dolor) tan pronto como sea posible, ya que se ha demostrado que la movilización temprana acelera e intensifica la fase de regeneración de las fibras musculares esqueléticas lesionadas, así como también induce angiogénesis, es decir, suministro de sangre al área lesionada.

En la fase Funcional vamos a reproducir el mecanismo lesional, reeducar el gesto motor propio de cada deporte o actividad que realice el paciente. Nuevamente si cumple con los criterios de Mendigucha el paciente se encuentra apto para volver al deporte.

En conclusión, no debemos basarnos solamente en el tiempo biológico de curación para dar el alta, es fundamental tener un seguimiento sesión a sesión de nuestro paciente, y guiarnos en base a sus síntomas, principalmente el dolor. Debemos diferenciar dos tipos de pacientes: el profesional donde dedica mucho más tiempo a su rehabilitación, con un mejor estado físico, mejor descanso, alimentación, entre otros aspectos que influyen directamente en la lesión y su recuperación. Y por otro lado, el amateur, quien tiene otros tiempos, otras prioridades, menos descanso, otros hábitos con respecto a su alimentación, lo cual converge haciendo que los tiempos de curación y rehabilitación sean diferentes más allá de los 21 días estipulados. El abordaje debe ser integral teniendo en cuenta los puntos ya descriptos, adecuando los tiempos de rehabilitación de acuerdo si la lesión es proximal o distal, si el tendón central fue afectado o no y el grado de ruptura.

 

Bibliografía

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