Lic. en Nutrición Marina Vazquez

 

Cuando un deportista o una persona activa tiene una lesión que lo inhabilita parcial o por completo a realizar actividad física por grandes periodos de tiempo, es posible un aumento de peso. Conozcamos por que suele suceder esto y algunas recomendaciones generales a tener en cuenta para prevenirlo.

 

Gasto Energético y Hábitos Alimentarios

El gasto energético diario, es decir, cuanto quema de calorías por día una persona es muy variable y depende de la genética, el sexo, la edad, la composición corporal, la actividad física e inclusive lo que se come y los cambios de temperatura. Los requerimientos de nutrientes también van a variar en su cantidad y calidad.

Una persona con un estilo de vida donde entrena de manera moderada a intensa varias veces por semana, su gasto energético tiende hacer alto y sus hábitos alimentarios se acomodan a comer en gran cantidad y seguido, inclusive a no controlar. Cuando sucede una situación como una lesión que baja la actividad diaria y con esto las calorías, generalmente, los hábitos no se modifican porque ya son rutina. Comemos como siempre pero lo que gastamos disminuyó, acá se genera lo que llamamos un balance positivo. Se come más de lo que se gasta y trae aumento de peso progresivo a base de tejido graso, acumulativo de energía. Entonces en estos casos necesitamos un cambio conductual, donde se debe acomodar la alimentación al nuevo gasto. Se puede ayudar buscando comidas con volumen y baja densidad que le permitirán a la persona una visión y sensación de cantidad sin tantas calorías. Por ejemplo si la persona comía medio plato de bife de carne con puré de papa modificar agregando una ensalada o una tortilla de verduras al plato y achicando las otras cantidades podría ser una opción.

Una masa muscular normal o aumentada hará que se queme más calorías durante el día y en ejercicio. Normalmente si no ejercitamos vamos perdiéndola, esto también disminuirá el gasto energético. Para colaborar en prevenir esto, en medida de lo posible, no se debe dejar de ejercitar las zonas no afectadas por la lesión, siempre consultando antes con un profesional capacitado. En cuando a la alimentación procurar luego de ejercitarse una comida que le proporcione proteínas (Carnes magras, huevo, etc.) e hidratos de carbono (Pan, avena, fideos, etc.), además de consumir diariamente frutas y verduras que le darán vitaminas, minerales y fibra que serán necesarias para una buena recuperación y salud junto con una correcta hidratación (Mínimo 2 litros).

 

Recompensas Cerebrales y Ansiedad

La rama de la psicología habla de un duelo por lesión que tiene varias fases:

  1. Empieza negando la situación, quiere seguir entrenando a pesar del malestar.
  2. La negociación, el deportista empieza a desesperarse, e intenta negociar con su entrenador y preparador físico volver pronto
  3. El siguiente paso del duelo en casos en los que las lesiones son de duración prolongada es la depresión. La persona puede caer en un estado de ánimo depresivo en el que se produce una desesperanza y la idea irracional de que ya no podrá volver a estar al máximo de su rendimiento.
  4. En el cual el deportista acepta su lesión, y facilita el proceso de recuperación.

La alimentación nos genera dopamina y serotonina, hormonas de sensación de placer, bienestar y felicidad por lo que ante estados depresivos, angustias, ansiedad y duelos, inconscientemente muchos recurrimos a comer para satisfacer y aplacar lo que nos está afectando. Obviamente es algo temporario porque no resuelve la situación. El ejercicio también aumenta estas hormonas y al no realizarlo o hacerlo menos se tiende a canalizar esta falta en la comida o bien las horas libres en gesto de comer. La clave es aprender a disfrutar de la vida y no solo de la comida, buscar generadores de serotonina que no nos lleven a comer en exceso. Por ejemplo, compartir tiempo y charlas con amigos o familiares; escuchar música; leer un libro; sentarnos al aire libre; hacer lo que también te haga feliz!

Comer rico es un derecho, déjate tentar pero es clave la porción que vas a consumir y la continuidad. No es lo mismo comerse una torta entera a comer una porción de torta todos los días o comer en una reunión con amigos una porción de torta. La primera opción es un atracón, la segunda no es una conducta saludable y la tercera es un estilo de vida, donde se acomoda la conducta a la situación actual con porciones moderadas, compartiendo y en bienestar individual y social.

 

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Lic. German Prez – Lic. Santiago Silveti

Si no leíste la parte I de esta nota, aca te dejamos el link para que lo hagas

http://www.kinedyf.com.ar/kinesiologia-deportiva/cuando-tratamos-el-dolor-las-palabras-realmente-importan/

En la presentación anterior hablamos de la importancia de las palabras cuando nos encontramos frente a un paciente, pero ¿cuál es la mejor forma de comunicarnos con ellos? A continuación algunos aspectos importantes a tener en cuenta.

Es primordial que el paciente comprenda que la presencia de dolor no necesariamente significa que tienen algún de daño o un tejido lesionado. El dolor puede presentarse sin daño alguno y también podemos tener una lesión importante y no tener dolor. El dolor es influenciado por muchos otros factores como la emoción, la cognición, las creencias acerca del mismo o factores sociales, todos intervienen en cierta medida en la experiencia dolorosa, por eso hacemos referencia a un modelo bio psico social de dolor. (Moseley, G. L. 2007)

Una forma sencilla para no alarmar al paciente es explicarle que el dolor actúa como un sistema de alarma, dicho sistema nos alerta que algo sucedió y es momento de hacer algo al respecto. Si tomamos como ejemplo una alarma contra incendios sabremos que esta no dice cuanto fuego hay, de hecho pude no haber fuego y sonar igual. Nuestra alarma de dolor puede funcionar de la misma manera, de hecho el incendio pudo haberse detenido y la alarma seguir sonando, lo que significa que esta desconectada del problema inicial. (Moseley, G. L. 2003) Como este sistema de alarma está diseñado para protegernos, cualquier información que nos convenza a nosotros o a nuestro cerebro que necesitamos protección puede disparar dicha señal sin que ninguna lesión haya sucedido. Por eso podemos decir que el dolor se trata más de sensibilidad de que de daño, cualquier cosa que sensibilice nuestro sistema nervioso puede generar dolor, el daño tisular es solo un factor. (Puentedura, A. L. 2013)

Como se explicó en la presentación anterior estas señales de alarma son disparadas muchas veces por los nociceptores, es de suma importancia explicarle al paciente que la nocicepción es algo bueno, de hecho ante una lesión aguda nos protege de seguir lastimándonos, en este caso la nocicepción está bien relacionada al dolor, pero a medida que pasa el tiempo y el dolor persiste la relación entre nocicepción y dolor es menor, incluso uno puede tener más dolor con menos nocicepción, o más dolor con la misma cantidad de nocicepción y hasta más dolor sin nocicepción. (Butler, D. S., & Moseley, G. L. 2010)

En conclusión es bueno saber que los cambios encontrados en ciertos estudios o ante una evaluación kinésica no son irrelevantes para el dolor pero si es importante saber interpretarlos y sobre todo tener la habilidad de reconocer cuando están vinculados al dolor que presenta el paciente. Por eso es importante recordador que el dolor no siempre está relacionado con el daño, de hecho podemos dejar de tener dolor sin generar cambios estructurales. Educar al paciente sobre el dolor, reconocer cuales son los factores que intervienen en la producción de dolor, el ejercicios y la actividad física, la exposición gradual al movimiento son herramientas útiles para mejorar la condición del paciente porque pueden cambiar la forma que tienen de ver su cuerpo y disminuir los niveles de sensibilidad del sistema nervioso.

 

Bibliografía

Puentedura, A. L. (2013). Therapeutic Neuroscience Education, Teaching Patients About Pain. USA: OPTP.

Butler, D. S., & Moseley, G. L. (2010). Explicando el Dolor. Adelaide, Adelaide, Australia: Noigroup Publications.

Moseley, G. L. (2007). Reconceptualising pain according to modern pain sciences. Physical Therapy Reviews, 12: 169-178.

Moseley, G. L. (2003). Unravelling the barriers to reconceptualisation of the problem in chronic pain: the actual and perceived ability of patients and health professionals to understand the neurophysiology. J Pain, 4(4): 184-189.